El síndrome de Dravet es una encefalopatía epiléptica de inicio temprano, rara y compleja, que comienza durante el primer año de vida con crisis prolongadas a menudo relacionadas con la fiebre y evoluciona con una carga creciente de problemas neurológicos y conductuales.
Las crisis se vuelven farmacorresistentes en poco tiempo. Entre los 1 y 4 años pueden aparecer mioclonías, ausencias atípicas y otros tipos de crisis. Con el avance de la edad también aparecen:
- dificultades cognitivas;
- trastornos del lenguaje;
- alteraciones del sueño;
- inestabilidad postural;
- ataxia.
El cuadro clínico es heterogéneo, pero la evolución crónica y el impacto en la calidad de vida son constantes, por lo que requiere atención especializada a largo plazo.
Qué es el síndrome de Dravet
El síndrome de Dravet es una forma de epilepsia del desarrollo, actualmente denominada “developmental and epileptic encephalopathy”, en la que la epilepsia y el sustrato genético contribuyen al retraso del desarrollo. La incidencia estimada de aproximadamente 1:15.700 nacidos la sitúa entre las enfermedades de baja prevalencia. Por ello, cuando se habla del síndrome de Dravet como una enfermedad rara, se hace referencia a la necesidad de itinerarios asistenciales específicos y de centros con experiencia especializada.
Los síntomas iniciales del síndrome de Dravet son crisis clónicas febriles y afebriles, a menudo prolongadas. Con el tiempo se añaden otros tipos de crisis y frecuentes estados epilépticos no convulsivos. La fotosensibilidad y la termolabilidad son desencadenantes habituales.
Desde el punto de vista del neurodesarrollo pueden aparecer dificultades de atención, trastornos de la conducta, ataxia y problemas para caminar, que también permiten considerar el posible síndrome de Dravet como una discapacidad motora.
En cuanto a las causas del síndrome de Dravet, en el 70-90% de los casos se identifica una variante patogénica en el gen SCN1A, que altera los canales de sodio neuronales (NaV1.1) y provoca hipofunción de las interneuronas GABAérgicas con hiperexcitabilidad de la red neuronal. Por tanto, el síndrome de Dravet genético está bien documentado; a menudo la variante es de novo, pero también se ha descrito la herencia familiar. En la práctica, la pregunta “¿el síndrome de Dravet es hereditario?” tiene una respuesta matizada: rara vez en el sentido mendeliano clásico, pero se recomienda el asesoramiento genético - útil para ayudar al paciente y a la familia a comprender la información médica - con el fin de estimar el riesgo reproductivo.
El diagnóstico del síndrome de Dravet es clínico e instrumental: antecedentes de inicio en el lactante con crisis prolongadas y resistentes, EEG y neuroimagen como apoyo, y confirmación mediante una prueba genética cuando está indicada. El reconocimiento temprano permite establecer estrategias terapéuticas más adecuadas y planes para las emergencias.
Por último, desde el punto de vista pronóstico, la enfermedad conlleva un mayor riesgo de mortalidad prematura, siendo la SUDEP (muerte súbita inesperada en epilepsia) la causa más frecuente. Los estudios de cohortes informan tasas de SUDEP de alrededor de 9,3 por 1.000 personas-año, con fallecimientos concentrados en la infancia, aunque el riesgo también persiste más adelante. Hablar de la esperanza de vida con el síndrome de Dravet implica, por tanto, considerar la prevención, el control de las crisis y las medidas de seguridad nocturna como elementos esenciales del proceso asistencial.
Tratamientos tradicionales para el síndrome de Dravet
Para tratar el síndrome de Dravet, el pilar es una terapia antiepiléptica combinada, personalizada y en evolución. Las guías y los consensos internacionales indican el valproato como fármaco de primera línea. Con frecuencia se asocian clobazam y estiripentol, y en los últimos años la fenfluramina se ha consolidado como una opción eficaz de tratamiento añadido.
Debe prestarse atención a evitar los bloqueadores de los canales de sodio que pueden empeorar el cuadro (por ejemplo, carbamazepina o lamotrigina) y a gestionar los estados epilépticos mediante planes de acción. La evidencia procedente de ensayos y estudios del mundo real confirma reducciones clínicamente significativas de la frecuencia de las crisis con estos esquemas, aunque en un contexto general de farmacorresistencia.
Junto con los medicamentos, las terapias dietéticas - dieta cetogénica clásica y variantes (MAD, LGIT) - muestran eficacia sobre todo a corto y medio plazo, con tasas de respuesta de alrededor del 60-70% durante los primeros meses y una permanencia variable con el tiempo. Estas estrategias requieren equipos especializados (neurólogo, dietista, enfermero) para garantizar la adherencia, la monitorización nutricional y el control de los efectos secundarios.
Papel del cannabis en el síndrome de Dravet
En el contexto clínico del síndrome de Dravet, por “cannabis” se entiende únicamente el cannabidiol (CBD) en forma farmacéutica altamente purificada, prescrito como tratamiento añadido por centros especializados cuando las crisis siguen siendo difíciles de controlar. No es equivalente a los productos genéricos de cáñamo ni se refiere al uso recreativo.
En Europa su uso está regulado: está indicado para las crisis asociadas al síndrome de Dravet a partir de los 2 años de edad, normalmente en combinación con clobazam, con dosis, controles y posibles interacciones gestionados por el neurólogo. Para profundizar en aspectos no médicos relacionados con los aceites de cáñamo destinados al bienestar general, se puede consultar la colección de aceites de CBD de Eusphera.
Mecanismo de acción del CBD en el sistema nervioso
El CBD tiene un perfil multimodal: modula indirectamente el sistema endocannabinoide (con efectos alostéricos sobre CB1), interactúa con los canales TRPV, actúa como antagonista/neuromodulador de GPR55 e influye en los circuitos serotoninérgicos (5-HT1A). El efecto combinado tiende a reducir la hiperexcitabilidad de la red neuronal, un punto crítico en las encefalopatías epilépticas genéticas como el síndrome de Dravet. Aunque algunos mecanismos siguen siendo objeto de estudio, el conjunto de la evidencia preclínica y de las revisiones recientes respalda este marco fisiopatológico.
Beneficios del CBD para el síndrome de Dravet
En un ensayo aleatorizado publicado en el New England Journal of Medicine, la adición de CBD al tratamiento existente produjo una reducción significativa de las crisis convulsivas en comparación con el placebo en niños y adolescentes con síndrome de Dravet. El efecto se observó en el porcentaje mediano de reducción y en las tasas de respuesta (superiores al 50%), lo que confirma el papel del CBD como opción de tratamiento añadido en cuadros farmacorresistentes.
Los acontecimientos adversos más frecuentes son somnolencia, diarrea y disminución del apetito. Puede producirse un aumento de las enzimas hepáticas, especialmente cuando se administra junto con valproato y en presencia de clobazam, lo que requiere monitorización y ajustes terapéuticos. Las fichas técnicas y las evaluaciones regulatorias europeas especifican su uso en combinación con clobazam en pacientes con síndrome de Dravet mayores de 2 años.
Integración del CBD con los tratamientos tradicionales para el síndrome de Dravet
Integrar el CBD en un tratamiento para el síndrome de Dravet significa incorporarlo a un proceso asistencial ya establecido, con objetivos realistas y una evaluación cuidadosa de las comorbilidades, las interacciones y la monitorización. Las recomendaciones sugieren considerarlo únicamente tras el fracaso o la intolerancia de las combinaciones de referencia (valproato, clobazam, estiripentol), o en combinación cuando la evolución de las crisis siga siendo insatisfactoria.
La colaboración entre el centro de referencia, la familia y los cuidadores es crucial para establecer ajustes graduales de la dosis, controles periódicos de la función hepática, revisión de los planes de emergencia y medidas preventivas de la SUDEP (higiene del sueño, vigilancia nocturna cuando esté indicada). Este enfoque es coherente con el perfil regulatorio europeo y con los estudios más recientes sobre el manejo del paciente.
Testimonios de pacientes y familias
Las experiencias compartidas por familias y cuidadores ponen de relieve hasta qué punto la gestión escolar requiere herramientas formales y una comunicación estructurada. En muchos casos se recurre a un plan educativo individualizado, de modo que el equipo escolar esté preparado para reconocer y gestionar rápidamente las crisis y coordinarse con los padres y los profesionales clínicos. Este enfoque es promovido por la Dravet Syndrome Foundation mediante recursos específicos para las escuelas y los cuidadores.
Una organización de la atención “en equipo”, en la que especialistas en neurología, psicología/psiquiatría del desarrollo y otros servicios trabajan con un plan compartido, se describe como especialmente útil también en los centros pediátricos multidisciplinares, donde el intercambio sistemático de información entre profesionales contribuye a la continuidad asistencial. La transición de la edad pediátrica a los servicios para adultos suele ser un paso complejo que requiere preparación con mucha antelación, definición de objetivos y un trabajo constante de defensa de los derechos por parte de la familia. Las historias recopiladas por Dravet Syndrome UK y sus guías prácticas sugieren comenzar la planificación alrededor de los 16 años, estableciendo plazos, responsabilidades y referentes claros. En la vida cotidiana, los cuidadores señalan la importancia de identificar y reducir los desencadenantes (por ejemplo, el calor y el esfuerzo) y de mantener una higiene rigurosa del sueño, prestando una atención continua a la coordinación con el equipo clínico. Estas prioridades aparecen tanto en los relatos en primera persona como en los análisis conjuntos de cuidadores y médicos publicados en la literatura. Al mismo tiempo, muchas familias subrayan la carga emocional y organizativa de la enfermedad y la necesidad de redes de apoyo, formación y comunidades de pares.