¿Alguna vez te ha pasado que te sientes sobrecargado de compromisos y no consigues “desconectar” de las mil cosas que tienes que hacer? El estrés crónico (distrés) es precisamente eso: la incapacidad de volver a un estado de calma y relajación, la incapacidad de descansar después de haber dedicado tiempo, energías y quizá un esfuerzo físico considerable a un proyecto o actividad.
Esto sucede, por ejemplo, cuando no conseguimos apartar la atención de las dinámicas laborales o de una tarea de la que debemos ocuparnos, con la que probablemente no nos sentimos a la altura o que nos parece “demasiado grande para nosotros”. El síndrome de estrés crónico se caracteriza por la prolongación en el tiempo del estímulo representado por el acontecimiento agotador. Puede considerarse un verdadero trastorno incapacitante, porque a la larga nos impide continuar con normalidad nuestra vida, dedicarnos a las actividades habituales y alcanzar los objetivos que nos habíamos propuesto.
Puede ocurrir que el factor desencadenante de esta condición sea un trauma, un acontecimiento dramático que la persona no consigue elaborar y que continúa reviviendo sin poder retomar normalmente su existencia. En estos casos, se habla de trastorno de estrés postraumático crónico (TEPT). Este implica una reacción intensa y desproporcionada de la persona ante un hecho perturbador, como un duelo, una lesión o cualquier otra circunstancia que no consiga aceptar ni “asimilar”.
Este trastorno puede durar mucho tiempo, precisamente porque la persona que lo vive no consigue tomar distancia del hecho traumático que lo causó, y no es raro que continúe reviviéndolo incluso en sus sueños.
Estrés crónico, los síntomas
El estrés crónico, por tanto, es una disfunción que implica una alteración del equilibrio psicofísico. Esto ocurre porque el organismo pone en marcha una reacción de defensa frente a lo que considera una amenaza. En este contexto, se produce una cantidad excesiva de hormonas, como el cortisol, que en la naturaleza sirven para ayudar a la persona a huir o reaccionar ante un peligro, pero que en presencia de estrés se liberan sin motivo.
La producción excesiva y prolongada de cortisol tiene efectos extremadamente negativos en la persona; estos son algunos de los síntomas más frecuentes del estrés crónico.
- Agotamiento, cansancio mental y físico, falta de energía, dificultad para concentrarse;
- Trastornos del sueño, insomnio, somnolencia;
- Trastornos digestivos, dolor de estómago, problemas gastrointestinales, colon irritable;
- Alteraciones y cambios repentinos del estado de ánimo, agresividad, irritabilidad;
- Disminución de las defensas inmunitarias;
- Variaciones del apetito, pérdida o aumento de peso;
- Dolor de cabeza y cefalea;
- Tensión muscular;
- Disminución de la libido.
El estrés crónico, como ves, se caracteriza tanto por síntomas físicos como por síntomas psicológicos, que, por supuesto, están relacionados.
Estrés crónico, ¿qué remedios existen?
La buena noticia - porque, naturalmente, ¡existe una buena noticia! - es que el estrés crónico se puede combatir. No hay que considerarlo una prisión sin salida; al contrario: si conseguimos verlo como un estímulo para mejorar y realizar los cambios necesarios en nuestra vida, ¡incluso puede convertirse en un aliado!
¿Qué remedios existen, entonces, para el estrés crónico? En primer lugar, siempre hay que tener presente la posibilidad de acudir a un especialista que nos guíe en un proceso terapéutico personalizado y nos ayude a adquirir las herramientas necesarias para “no volver a caer en ello”. La psicoterapia es una práctica útil para resolver cualquier problema interior, desde el más grave hasta el más trivial; por eso conviene tenerla siempre en consideración.
Mientras tanto, sin embargo, ¿cómo podemos ayudarnos por nuestra cuenta? ¿Existen remedios que podamos adoptar para aliviar los síntomas del estrés crónico, mientras trabajamos en nosotros mismos?
Una vez más, la respuesta es sí. Estos son los recursos con los que podemos contar mientras nos dedicamos a resolver nuestro trastorno desde la raíz:
- Comer bien, de forma saludable y equilibrada;
- Hidratarse adecuadamente;
- Mover el cuerpo, encontrar una actividad física que nos haga sentir bien, nos distraiga y nos ayude a poner en circulación las importantísimas endorfinas;
- Dedicarnos a actividades que nos apasionen y que quizá hayamos descuidado durante mucho tiempo;
- Entre los remedios naturales para el estrés crónico, podemos mencionar el magnesio, el alga espirulina, el ginseng, la rodiola, la griffonia, la pasiflora y el hipérico (consulta a tu médico para evitar posibles interacciones con otros medicamentos y seleccionar el suplemento adecuado para ti);
- El aceite de CBD extraído del cannabis sativa es un excelente remedio natural para el estrés crónico y no solo eso: puede ayudarte si sufres ansiedad, ataques de pánico, dolor crónico y mucho más; el aceite de CBD tiene numerosos beneficios para la salud.
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Sus propiedades calmantes y antiinflamatorias también son útiles para aliviar los dolores neuropáticos relacionados con problemas psicosomáticos, típicos del síndrome de estrés crónico y del estrés postraumático.
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