Fitocannabinoides y aceite de CBD: una ayuda para quienes padecen Alzheimer
Con este artículo nos proponemos arrojar luz sobre un tema que merece la máxima atención: la posible relación entre los fitocannabinoides, el aceite de CBD y la enfermedad de Alzheimer.
En una época caracterizada por el aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento progresivo de la población y la consiguiente introducción del concepto de “cuarta edad”, es natural que tanto el mundo científico como la sociedad en general presten especial atención a cómo tratar las patologías típicamente relacionadas con el envejecimiento y a cómo mejorar la calidad de vida de las personas mayores.
Esto es especialmente cierto en el caso de las personas mayores afectadas por enfermedades neurodegenerativas, entre las que destaca la enfermedad de Alzheimer.
La enfermedad de Alzheimer: qué es
Muy a menudo se tiende a pensar que la enfermedad de Alzheimer y la demencia son lo mismo, pero no es así. Intentemos entenderlo mejor.
El término demencia se refiere, en términos generales, a un síndrome caracterizado por un deterioro lento y progresivo de las funciones mentales, como la memoria, el pensamiento, el juicio y la capacidad de aprendizaje. La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia. Por lo tanto, los síntomas de la demencia y de la enfermedad de Alzheimer pueden ser los mismos, pero las causas que los producen son diferentes.
La enfermedad de Alzheimer: los síntomas
Algunos de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer (pérdida de memoria; problemas para utilizar el lenguaje; trastornos del comportamiento y de la personalidad; desorientación) son los mismos que se manifiestan en otras formas de demencia.
En la enfermedad de Alzheimer, la pérdida de memoria afecta, sin embargo, predominantemente a la memoria reciente (o a corto plazo). Por lo tanto, a diferencia de los pacientes afectados por demencia, las personas con enfermedad de Alzheimer logran recordar acontecimientos incluso muy lejanos en el pasado, mientras que olvidan más fácilmente lo ocurrido recientemente o hace muy poco tiempo.
Los síntomas pueden clasificarse en tempranos, intermedios o tardíos. Sin embargo, su aparición es variable. Los cambios de personalidad y los trastornos del comportamiento, por ejemplo, pueden desarrollarse de forma temprana o tardía.
La enfermedad de Alzheimer: las fases
Los síntomas se desarrollan gradualmente y, por lo general, aparecen de forma casi imperceptible, hasta el punto de pasar inadvertidos.
El síntoma más evidente es la pérdida de la memoria reciente, debido a la dificultad para crear nuevos recuerdos causada por las alteraciones del tejido cerebral.
En la fase inicial de la enfermedad, los pacientes pierden gradualmente la capacidad de pensar de forma abstracta y de actuar con sentido común. También cambia la manera en que utilizan el lenguaje: pueden no ser capaces de encontrar la palabra adecuada, usar palabras más sencillas, una palabra general o varias palabras en lugar de una palabra específica o, incluso, utilizar las palabras incorrectamente.
Las personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer no consiguen interpretar correctamente las señales auditivas y visuales y, por ello, pueden estar desorientadas y confundidas. Este estado de confusión y desorientación puede comprometer la orientación espacial: por ejemplo, pueden perderse durante un trayecto, ya sea en coche o a pie. Su estado emocional puede cambiar de forma imprevista y repentina: pueden agitarse, irritarse, volverse hostiles o incluso agresivas con facilidad y, en cierto momento, desarrollar un comportamiento psicótico (es decir, sufrir alucinaciones, delirios o paranoia).
Un trastorno común que acompaña a la enfermedad de Alzheimer en su fase inicial es el insomnio: las personas afectadas tienen dificultades para conciliar el sueño o para permanecer dormidas, y algunas confunden el día con la noche.
A medida que la enfermedad de Alzheimer progresa a una fase más avanzada, también se produce la pérdida de la memoria a largo plazo: es decir, la capacidad de recordar acontecimientos del pasado, así como los nombres de amigos y familiares. En esta fase, comienza a ser necesaria la asistencia para realizar las actividades cotidianas más «sencillas», como comer, vestirse, lavarse o ir al baño. En este punto, la orientación espacio-temporal está definitivamente comprometida, hasta el punto de que los pacientes pueden perderse incluso dentro de su propia casa (por ejemplo, durante el trayecto al baño). Este estado de confusión aumenta el riesgo de caídas y de deambular sin rumbo (vagabundeo).
Al final, las personas con la enfermedad de Alzheimer ya no pueden caminar ni cuidar de sí mismas. Ya no pueden tragar, comer ni hablar, con el consiguiente riesgo de desnutrición o de desarrollar neumonía y úlceras por presión. Se instaura una forma de amnesia (pérdida de la memoria) total.
Finalmente, se llega al coma y a la muerte, a menudo causados por infecciones (Knopman et al., 2021).
La enfermedad de Alzheimer: las causas
Aunque se desconocen las causas de la enfermedad de Alzheimer, sabemos que entre el 5 y el 15 % se debe a anomalías genéticas hereditarias (pueden transmitirse de padres a hijos). Por lo tanto, el factor genético puede desempeñar un papel muy importante (Knopman et al., 2021).
Otros factores de riesgo (como el tabaquismo, la presión arterial elevada, la diabetes y los niveles elevados de colesterol) pueden aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer.: reducir estos factores de riesgo ya desde la mediana edad puede disminuir el riesgo de deterioro mental en edades más avanzadas (Knopman et al, 2021).
En la enfermedad de Alzheimer, la pérdida progresiva de la función mental depende de la degeneración del tejido cerebral. Esta degeneración está causada por dos factores principales:
- la acumulación, en el tejido cerebral, de una proteína anómala llamada beta-amiloide, que provoca la formación de las típicas placas amiloides;
- el desarrollo de aglomerados fibrilares dentro de las células nerviosas (las neuronas), que provoca la pérdida irreversible de la funcionalidad de las propias neuronas (Knopman et al, 2021).
La destrucción de algunas partes del cerebro provoca la reducción gradual de la cantidad de mensajeros químicos (los neurotransmisores) que permiten que las neuronas “hablen” entre sí. Esto compromete la capacidad del propio cerebro para funcionar correctamente y trabajar como debería. Por ejemplo, en la enfermedad de Alzheimer, se destruyen progresivamente las neuronas que producen acetilcolina y GABA, dos neurotransmisores fundamentales sin los cuales ya no podríamos recordar ni aprender, por ejemplo. Y es precisamente la pérdida progresiva de estos neurotransmisores uno de los factores que provoca la pérdida de la memoria a corto y largo plazo y de la memoria espacial, síntomas típicos de la enfermedad de Alzheimer (Knopman et al, 2021).
Alzheimer's Disease International (ADI), la Federación Internacional de Asociaciones que se ocupan del Alzheimer y la demencia a nivel mundial, informa de que cada 3 segundos una persona en el mundo desarrolla una forma de demencia. En 2020, más de 55 millones de personas padecían demencia. Los pacientes afectados por la enfermedad de Alzheimer representan entre el 60% y el 70% de estas personas. Se estima que los casos de demencia tenderán a casi duplicarse cada 20 años, alcanzando los 78 millones en 2030 y los 139 millones en 2050.
La enfermedad de Alzheimer: el tratamiento terapéutico tradicional
La enfermedad de Alzheimer es una patología compleja y, hasta la fecha, lamentablemente, no existe una cura definitiva.
Las terapias disponibles, de hecho, ayudan principalmente a controlar y tratar exclusivamente los síntomas: es decir, se utilizan fármacos que ayudan a mejorar los síntomas cognitivos y conductuales (entre ellos, la tendencia a la agresividad, desencadenada sobre todo por la ansiedad y la frustración que experimenta el paciente).
También existen tratamientos de otro tipo, como la Terapia de Orientación a la Realidad (ROT), que, no obstante -más que representar una cura propiamente dicha, como hemos anticipado- tienen como objetivo “contener” los síntomas y lograr que el curso de la enfermedad sea lo más lento posible.
En 2021, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) concedió la aprobación acelerada a un medicamento de última generación, el aducanumab, que ayuda a reducir los depósitos de beta-amiloide en el cerebro y puede contribuir a ralentizar la progresión del Alzheimer. Sin embargo, todavía no se ha demostrado que este medicamento pueda influir realmente en los síntomas clínicos ni en la progresión del deterioro cognitivo o la demencia.
En este contexto, es evidente que la atención, no solo de los pacientes y sus familias, sino también del mundo científico, está fuertemente centrada en las perspectivas terapéuticas que ofrecen sustancias “alternativas” como las derivadas del cáñamo s.
Sistema endocannabinoide, cannabinoides y enfermedad de Alzheimer
Hemos dicho que la enfermedad de Alzheimer se debe a la formación de placas amiloides y de aglomerados de fibrillas en el tejido y las células nerviosas. Estos dos procesos patológicos desencadenan otros fenómenos negativos en el cerebro, como, por ejemplo, disfunciones neuroquímicas, neuroinflamación y estrés oxidativo. Sabemos que las actividades antiinflamatorias, proapoptóticas y antioxidantes están mediadas por el sistema endocannabinoide. Además, el sistema endocannabinoide es uno de los principales sistemas que regula y modula nuestra capacidad para crear recuerdos y aprender cosas nuevas (Lu y Mackie, 2021). No sorprende, por tanto, que un número cada vez mayor de evidencias científicas sugiera que una disfunción del sistema endocannabinoide desempeña un papel clave en la progresión de la enfermedad de Alzheimer (Berry et al., 2020).
Numerosos estudios preclínicos han evidenciado la existencia de una fuerte interacción entre el sistema endocannabinoide y los mecanismos patológicos subyacentes a las enfermedades neurológicas típicas del envejecimiento y a las enfermedades neurodegenerativas.
Numerosas investigaciones científicas han puesto de manifiesto que los fitocannabinoides derivados de la Cannabis s., como el cannabidiol (CBD), pueden aportar numerosos beneficios a quienes padecen Alzheimer.
En particular, los estudios realizados in vitro, además de sus propiedades ansiolíticas, reguladoras del sueño y antidepresivas, han demostrado las propiedades antiinflamatorias, inmunomoduladoras y antioxidantes del CBD. Los estudios in vivo confirman estos resultados: el CBD reduce los niveles de estrés oxidativo en el tejido nervioso, disminuye las inflamaciones locales y tiene un efecto neuroprotector (Paes-Colli et al., 2022).
En otras palabras, el principio activo no psicotrópico (sin efecto de “colocón”) del Cannabis s., el cannabidiol, aumentaría la supervivencia neuronal, que en las enfermedades neurodegenerativas se ve reducida por procesos oxidativos internos. (Recordemos que el CBD no altera el estado mental, como el THC o Delta9THC).
Los datos interesantes divulgados por médicos y científicos durante el congreso de la IACM (Asociación Internacional para la Medicina de los Cannabinoides) de 2019 en Berlín demostraron que los medicamentos a base de cannabis favorecen una mejora general:
- de las funciones corporales y la movilidad,
- del peso corporal,
- de las facultades cognitivas,
con la consiguiente mejora de la calidad de vida del paciente.
Los estudios presentados en este contexto internacional no se referían únicamente a los pacientes con Alzheimer, sino que también incluían una amplia muestra de población de edad avanzada (mayores de 75 años). De hecho, los principales temas del encuentro eran el uso del cannabis medicinal en pacientes geriátricos y las perspectivas de desarrollo en este sentido.
Por ello, también se tuvo en cuenta la correlación entre el CBD (a menudo en forma de aceite de CBD) y la demencia senil.
En esta ocasión, también se propuso un protocolo para la dosificación del aceite de CBD en pacientes afectados por Alzheimer, que debería basarse en una “titulación” gradual del principio activo, es decir, el proceso de ajuste progresivo de la dosis hasta alcanzar los efectos deseados (Abuhasira et al, 2019).
En un estudio realizado para verificar la eficacia y seguridad del CBD en el tratamiento de personas con agitación inducida por la demencia, se observó que más del 70 % de los pacientes del grupo tratado con CBD administrado en aceite enriquecido con CBD experimentó un alivio notable de la agitación y una mejora de los síntomas conductuales (Hermush y Schleider, 2019).
Además, otros estudios clínicos y preclínicos sugieren que, gracias a su capacidad para activar los receptores del GABA, el CBD podría compensar la deficiencia de GABA y, por esta vía, contribuir a la recuperación de las funciones mentales afectadas por la enfermedad (Cifelli et al. 2020).
Conclusiones
De lo expuesto se desprende que el potencial terapéutico de los fitocannabinoides merece la máxima atención en lo que respecta al tratamiento de las personas afectadas por demencia senil y Alzheimer.
Obviamente, son necesarios más estudios; sin embargo, dados los datos alentadores sobre el efecto neuroprotector y antioxidante de los cannabinoides, es razonable esperar que en el futuro esta opción terapéutica no solo se tenga en cuenta, sino que también se aplique en el ámbito clínico.
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Referencias
Abuhasira R, Ron A, Sikorin I, Novack V. Cannabis medicinal para pacientes mayores: protocolo de tratamiento y resultados iniciales. J Clin Med. 1 de noviembre de 2019;8(11):1819. doi: 10.3390/jcm8111819.
Cifelli P, Ruffolo G, De Felice E, Alfano V, van Vliet EA, Aronica E, Palma E. Fitocannabinoides en enfermedades neurológicas: ¿podrían restaurar una transmisión GABAérgica fisiológica? Int J Mol Sci. 22 de enero de 2020;21(3):723. doi: 10.3390/ijms21030723.
Berry AJ, Zubko O, Reeves SJ, Howard RJ. Alteraciones del sistema endocannabinoide en la enfermedad de Alzheimer: revisión sistemática de estudios en humanos. Brain Res. 15 de diciembre de 2020;1749:147135. doi: 10.1016/j.brainres.2020.147135. Publicado en línea el 25 de septiembre de 2020.
Hermush V , Schleider LBL, Ensayo de fase II, aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo para investigar la eficacia y seguridad del aceite de avidekel en el tratamiento de pacientes con agitación relacionada con la demencia. En Cannabinoid. Berlín, 2/11/19. Berlín: IACM.
Knopman DS, Amieva H, Petersen RC, Chételat G, Holtzman DM, Hyman BT, Nixon RA, Jones DT. Enfermedad de Alzheimer. Nat Rev Dis Primers. 13 de mayo de 2021;7(1):33. doi: 10.1038/s41572-021-00269-y.
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Paes-Colli Y, Aguiar AFL, Isaac AR, Ferreira BK, Campos RMP, Trindade PMP, de Melo Reis RA, Sampaio LS. Fitocannabinoides y productos a base de cannabis como farmacoterapia alternativa en enfermedades neurodegenerativas: de la hipótesis a la práctica clínica. Front Cell Neurosci. 30 de mayo de 2022;16:917164. doi: 10.3389/fncel.2022.917164. eCollection 2022